Sentimiento del consumidor de Míchigan y el dólar

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El segundo viernes de la mayoría de los meses, hacia las 10:00 de la mañana hora del este de Estados Unidos, llega al mercado una cifra que no encontrarás en ningún informe gubernamental: la lectura preliminar del sentimiento del consumidor estadounidense de la Universidad de Míchigan. El índice se construye a partir de una encuesta a hogares corrientes y muestra cómo se sienten las personas respecto a sus propias finanzas y a la economía en general. El titular rara vez provoca una tormenta, pero las preguntas sobre expectativas de inflación que esconde dentro sí pueden mover al dólar, porque son justo las cifras que la Reserva Federal vigila tan de cerca.

¿Qué es realmente el índice de sentimiento del consumidor de Míchigan?

El índice de sentimiento del consumidor (Index of Consumer Sentiment) se elabora dentro de las Surveys of Consumers que dirige la Universidad de Míchigan. Es una encuesta mensual a hogares estadounidenses, realizada por teléfono y en línea, en la que los encuestados responden a preguntas sobre su propia situación financiera, sobre si es un buen momento para hacer compras grandes y sobre sus expectativas para la economía en los próximos meses y años. A partir de esas respuestas se calcula un índice compuesto, junto con dos componentes: una valoración de las condiciones actuales y las expectativas para el futuro.

La lógica de seguir esta encuesta es sencilla. Un consumidor que se siente seguro en su empleo y en sus ingresos gasta más, y el gasto de los hogares es el mayor pilar individual de la economía de Estados Unidos. Un consumidor asustado empieza a ahorrar, aplaza las compras grandes y enfría la demanda. El sentimiento no es, por tanto, una curiosidad blanda, sino una señal temprana de hacia dónde se dirige el consumo y, tras él, todo el ciclo económico. Por eso la encuesta de Míchigan figura en el calendario junto a los datos duros sobre precios y empleo.

Lectura preliminar y final: dos veces al mes

Lo que distingue a esta encuesta de la mayoría de las publicaciones macro es su doble estreno. La Universidad de Míchigan difunde los datos dos veces al mes. Primero, hacia mediados de mes, llega la lectura preliminar, basada en parte de las encuestas recogidas. Cerca de fin de mes se publica la lectura final, que incorpora la muestra completa y puede revisar la cifra preliminar al alza o a la baja. Ambas publicaciones suelen producirse a las 10:00 hora del este de Estados Unidos, con un desfase de cerca de una hora en los periodos en que las dos orillas del Atlántico cambian sus relojes al horario de verano en fechas distintas.

Para el mercado, la lectura preliminar suele importar más, porque es la que llega primero a los inversores y la que pone precio a la información fresca. La final cumple el papel de confirmación: si coincide con la preliminar, la reacción es apagada, mientras que si la revisa con claridad puede provocar un segundo movimiento, más pequeño. Esa distinción conviene tenerla presente antes incluso de pensar en una posición en torno a esta publicación. Planificar el día alrededor de tales estrenos resulta más fácil cuando primero has aprendido a leer el calendario económico y a distinguir los datos de primer orden de los de segundo, algo que repaso en el contexto del informe de empleo en el artículo sobre las nóminas no agrícolas de Estados Unidos.

Expectativas de inflación: la parte que más pesa para el dólar

La parte más relevante de esta encuesta para el mercado no es el sentimiento titular en sí, sino las preguntas sobre la inflación esperada. La Universidad de Míchigan pregunta a los encuestados cómo creen que cambiarán los precios en un horizonte de un año y en el largo plazo, descrito como de cinco a diez años. Esas dos cifras son las expectativas de inflación de los hogares, algo bien distinto de la inflación actual medida por el CPI (índice de precios al consumo).

¿Por qué importa tanto? El banco central cree que la inflación se autoalimenta en buena medida a través de las expectativas. Si la gente espera que los precios suban deprisa, empieza a exigir salarios más altos y a aceptar precios más altos ya hoy, lo que hace real esa inflación. Por eso la Reserva Federal repite que su trabajo es mantener las expectativas de inflación ancladas, es decir, estables y cerca del objetivo. La medida de largo plazo de Míchigan es uno de los barómetros de ese anclaje que vigilan los responsables de política monetaria. Un salto en las expectativas de largo plazo suele trabajar a favor del dólar, porque presiona al banco central para que se mantenga restrictivo y no se apresure a recortar los tipos. Cómo se traslada la propia inflación a las cotizaciones lo desgloso aparte en el texto sobre el dato de CPI y su efecto en el dólar.

«La inflación depende en gran medida de las expectativas. Si las expectativas están ancladas, eso le da al banco central más libertad para apoyar el empleo.» — Jerome H. Powell, rueda de prensa del FOMC, 4 de mayo de 2022, transcripción de la Reserva Federal.

Condiciones actuales frente a expectativas

Bajo un único titular se esconden dos componentes que conviene leer por separado. El componente de condiciones actuales muestra cómo valoran los encuestados sus finanzas aquí y ahora y si creen que es un buen momento para compras mayores. El componente de expectativas pregunta por el futuro: los ingresos previstos, el estado de la economía dentro de un año y en un horizonte más largo. El primero describe el presente, el segundo tiene carácter adelantado y suele ser el que se enciende primero cuando el consumidor empieza a intuir un cambio de ciclo.

Para quien observa el mercado, esa diferencia resulta a menudo más valiosa que la propia cifra compuesta. Hay meses en que las condiciones actuales aguantan firmes mientras las expectativas se debilitan con claridad. Es una señal de que los hogares todavía se las arreglan hoy, pero empiezan a preocuparse por el mañana, lo que con frecuencia precede a un enfriamiento real del gasto. Leer solo el titular sin este desglose significa perder la mitad de la información que trae la encuesta. El sentimiento está además estrechamente ligado a una medida más dura de cuánto gastan de verdad los estadounidenses en las tiendas, esto es, a los datos de ventas minoristas.

Míchigan frente al Conference Board: cuando dos encuestas divergen

La Universidad de Míchigan no es la única fuente de datos sobre el sentimiento. La otra medida conocida es el índice de confianza del consumidor que publica el Conference Board, una organización de investigación que dirige su propia encuesta, más grande. Ambas intentan captar el mismo fenómeno, pero difieren en el método, en la elección de preguntas y en los acentos. La encuesta de Míchigan pone más peso en las finanzas personales y en las expectativas de inflación, mientras que la del Conference Board es más sensible a la situación del mercado laboral.

Por ese motivo, ambas medidas pueden a veces divergir y pintar un cuadro contradictorio del mismo mes. Para el observador, esa divergencia no es un error, sino información: suele significar que los hogares valoran la inflación de forma distinta a las perspectivas de empleo. Para el mercado de divisas, no obstante, la encuesta de Míchigan tiene ventaja en un punto concreto, que son precisamente esas expectativas de inflación, porque aterrizan directamente en la mesa de la Reserva Federal. Cómo encajan las encuestas de sentimiento dentro del conjunto más amplio de publicaciones macro lo trato con más profundidad en la sección de análisis fundamental de ForexMechanics.

Malentendidos más frecuentes

El primer malentendido es confundir el sentimiento con la inflación actual. El índice de sentimiento dice cómo se sienten las personas, mientras que las expectativas de inflación dicen qué anticipan para los precios. Ninguna de esas dos cifras es una medición de la inflación que de verdad ha ocurrido. El segundo es tratar el titular compuesto como si fuera toda la historia, cuando la mayor parte del contenido reside en el desglose entre condiciones actuales y expectativas, y para el dólar en las expectativas de inflación por sí solas.

El tercer malentendido tiene que ver con la reacción del mercado. Muchos principiantes dan por hecho que un mejor sentimiento siempre significa un dólar más fuerte. En la práctica, la reacción depende de qué parte sorprendió y de cómo estaba posicionado el mercado de antemano. Unas expectativas de inflación más altas pueden fortalecer al dólar incluso con un titular más débil, porque para el banco central lo que más cuenta es el ancla de inflación. El cuarto error es reaccionar solo a la lectura preliminar e ignorar la final, que a veces cambia el mensaje de la publicación.

¿Qué hacer a partir de ahora?

  1. Localiza en el calendario las dos fechas de publicación de Míchigan. Pon el filtro en Estados Unidos y busca las dos entradas de cada mes: la lectura preliminar hacia mediados y la final cerca de fin de mes. Anota en cada una la hora de en torno a las 10:00 hora del este y comprueba si en la misma semana cae un dato de CPI o un informe de empleo, porque serán esos los que dominen la reacción del dólar.
  2. Lleva un diario de las tres últimas lecturas. Para cada publicación registra cuatro cifras: el sentimiento titular, el componente de expectativas, las expectativas de inflación a un año y las de largo plazo de cinco a diez años. Añade la reacción del par EUR/USD pasada una hora. En tres meses verás en tus propios datos que son las expectativas de inflación, y no el titular, las que con más frecuencia mueven la cotización.
  3. Combina el sentimiento con los datos duros de consumo. Junto a la encuesta de Míchigan, suma las ventas minoristas a tu lista de seguimiento y compara si el sentimiento declarado va de la mano del gasto real. Cuando ambos divergen durante varios meses, tienes una señal temprana de un cambio de ciclo antes de que lo confirmen otros indicadores.
Jarosław Wasiński
Sobre el autor

Jarosław Wasiński

Redactor jefe de MyBank.pl · Analista financiero y de mercados

Analista y profesional independiente con más de 20 años en el sector financiero. Fundador y redactor jefe del portal MyBank.pl, en marcha desde 2004. Análisis fundamental de los mercados de divisas y macroeconómicos desde 2007. Escribe desde la perspectiva de los mercados europeos y el marco regulatorio de ESMA.

Fuentes y bibliografía

  1. University of Michigan Surveys of Consumers — data tables (Index of Consumer Sentiment and inflation expectations) · oficjalne tabele danych: zbiorczy indeks, składniki bieżący i oczekiwań oraz miary oczekiwań inflacyjnych www.sca.isr.umich.edu ↗
  2. Federal Reserve Monetary Policy — rola zakotwiczonych oczekiwań inflacyjnych · znaczenie oczekiwań inflacyjnych dla celu inflacyjnego i decyzji o stopach www.federalreserve.gov ↗
  3. The Conference Board Consumer Confidence Index — methodology · druga główna ankieta nastrojów konsumentów USA, do porównania z badaniem z Michigan www.conference-board.org ↗

Preguntas frecuentes

¿En qué se diferencian las expectativas de inflación de Míchigan del propio dato de inflación del CPI?

Son dos cosas completamente distintas, aunque ambas se refieran a los precios. El CPI mide la inflación que ya ha ocurrido, es decir, cuánto subieron de verdad los precios de una cesta de bienes en el mes pasado. Las expectativas de inflación de la encuesta de la Universidad de Míchigan, en cambio, dicen qué anticipan los hogares para los precios en el futuro, en un horizonte de un año y de cinco a diez años. Es una medida de actitud, no de hecho. Para la Reserva Federal ambas cifras importan, pero por motivos distintos. El CPI muestra el estado presente, mientras que las expectativas indican si la inflación corre el riesgo de afianzarse a través del comportamiento de personas que empiezan a exigir salarios más altos y a aceptar precios más altos ya hoy. Por eso el banco central se esfuerza tanto por mantener las expectativas de largo plazo ancladas cerca del objetivo, incluso cuando la inflación actual se aparta de forma temporal del dos por ciento.

¿A qué hora se publica el sentimiento del consumidor de Míchigan y con qué frecuencia?

La encuesta de la Universidad de Míchigan se publica dos veces al mes, lo que la distingue de la mayoría de los datos macro que salen una vez al mes. Primero, hacia mediados de mes, aparece la lectura preliminar, basada en parte de las encuestas recogidas. Cerca de fin de mes se difunde la lectura final, que incorpora la muestra completa y puede revisar la cifra preliminar. Ambas publicaciones suelen producirse a las 10:00 hora del este de Estados Unidos. El desfase puede cambiar en torno a una hora en los periodos en que Estados Unidos y Europa cambian los relojes al horario de verano en fechas distintas, por lo que conviene comprobar la hora exacta en un calendario económico. Para el mercado suele importar más la lectura preliminar, porque llega primero, mientras que la final cumple el papel de confirmación o corrección.

¿En qué se diferencia la encuesta de Míchigan del índice del Conference Board?

Son las dos principales medidas del sentimiento del consumidor estadounidense y ambas intentan captar el mismo fenómeno, pero difieren en el método y en los acentos. La encuesta de la Universidad de Míchigan pone más peso en las finanzas personales y en las expectativas de inflación, por lo que para el mercado de divisas tiene ventaja en un punto concreto, que son justo esas expectativas que aterrizan en la mesa de la Reserva Federal. La encuesta del Conference Board, a su vez, es más grande y más sensible a la situación del mercado laboral. Por ese motivo, ambas medidas pueden a veces divergir y mostrar un cuadro contradictorio del mismo mes. Para el observador, esa divergencia no es un error, sino información: suele significar que los hogares valoran la inflación de forma distinta a las perspectivas de empleo. Conviene seguir las dos, pero para la reacción del dólar las expectativas de inflación de Míchigan suelen ser las más relevantes.

¿Por qué un salto en las expectativas de inflación puede fortalecer al dólar?

El mecanismo pasa por la política de la Reserva Federal. El banco central sostiene que unas expectativas de inflación ancladas son condición para una estabilidad de precios duradera, porque cuando la gente espera que los precios suban deprisa, ella misma alimenta esa subida a través de exigencias salariales y decisiones de compra. Así, si las expectativas de largo plazo de la encuesta de la Universidad de Míchigan suben de repente, el mercado lo lee como una señal de que el banco central tendrá que mantenerse restrictivo, es decir, conservar tipos de interés más altos durante más tiempo para sofocar el riesgo de que la inflación se afiance. Unos tipos más altos suelen aumentar el atractivo del dólar para el capital que busca rendimiento, por lo que un salto en las expectativas trabaja a favor de la divisa estadounidense. Es una regla general, no una ley de hierro, porque la reacción también depende de cómo estuviera posicionado el mercado de antemano y de lo que hagan en ese momento los rendimientos de los bonos y otros datos.

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